La vida de tupper

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Tupper para los menos sofisticados, Valira para los más modernos. Da igual con qué nombre queramos denominar a este tipo de rutina, pero su característica principal es que por muy hermética que la vendan, siempre acaba apestando.

La vida de tupper lleva conmigo cerca de un año y llegó como el primer amor, sin llamar a la puerta y arrebatando cuantas buenas costumbres había en mí. Hasta ahí, entendía por ‘comida’ ese momento en el que ingieres de forma acelerada para disfrutar de más minutos de siesta. Pero cuando tu comida viene envasada en un recipiente, como todos sabéis, las siestas y el placer de degustar alimentos pasan a mejor vida.

Destapar y servir, esa es la síntesis. ¿Pero servir el qué? Ser de tupper es muy complejo, casi más que el acné. Aquí unas cuantas razones que os convencerán de ello:

  • Si ya nos cuesta decidir si comprar una baguette, una de cereales o una chapata delante del mostrador, imaginaos escoger cuál va a ser nuestra comida principal del día siguiente.
  • Todos hemos girado la cabeza 360ª y hemos dirigido una mirada trágica a nuestro compañero, para después añadir la famosa frase de ‘se me ha volcado el tupper‘. Para después añadir ‘no, no lo llevaba dentro de ninguna bolsa’.
  • Aborreces recetas (en especial, la pasta) a medida que tu comida coge sabor a plástico tan odiado y particular a la vez.
  • No puedes llevar sopa. Y yo soy muy fan de la sopa, que lo sepáis. Esos calditos de verdura para días de invierno en que tú propiamente te encuentras hecho caldo.

Y estos ponis, nos convierte en maestros culinarios de la predicción, en seres portatuppers resistentes a la fuerza de un huracán. Si ahora os sentís los más desgraciados del Planeta delante de vuestro recipiente de plástico: no os desaniméis. Siempre nos quedarán los tuppers de mamá, los salvavidas de nuestro estómago en nuestro día a día.

Es más, si no sabéis qué comer mañana y queréis dejar de ser unos jaladependientes maternos/paternos os recomiendo:

nomas-demama.com

Con tropecientos relinchidos (de ‘lindo’, de ‘guay’ en español mejicano)  me despido.

Me han  puteado tocado el poni mucho en la vida, pero nunca he sido una puta una poni.’ TSMP

Imagen de ministupid.wordpress.com

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